El problema de la Memoria

(Columnas publicadas entre el 21 y el 23 de mayo)

Es muy simple: ¿Quieres smartTV con Peluchín y Esto es guerra o Museo de la Memoria con incertidumbre, desasosiego, militares y policías perseguidos –responsables o no– y fotos de gente despedazada hace 25 años?

Esos son, palabras más, palabras menos, los términos de los mensajes en competencia alrededor del Lugar de la Memoria (LUM). Sí, es terrible: pragmatismo de más-vale-pájaro-en-mano-que-ciento-volando contra ética y valores post materialistas en el Perú; un país en el que a la primera que alguien chapa un sol más que el vecino se compra algo para diferenciarse de él o se muda o, en un escenario ideal, antes de mudarse se lo enrostra y lo discrimina. ¿

Quieres la verdad cruda, dolorosa y a veces injusta y sangrienta o mirar gatitos en tu celular mientras esperas tu pizza con tu peor-es-nada en el mall?

Yuyanapaq. Archivo de la PUCP.

¿Por qué es tan difícil construir ciudadanía si es práctico, es cercano y tiene efectos de casi casi mediano plazo? Es imposible acercarte a la gente y decirle que todo lo que cree bueno, necesario y deseable es malo o neutro, desechable y nimio; y pretender que te haga caso. No puedes quitarle a alguien su X Box del año y darle a cambio un libro de François de La Rochefoucauld que pesa cinco kilos y esperar que atraque feliz de la vida.

¿Juegas?

Las narrativas -es decir, los cuentos que nos inventamos para que lo que sea que hacemos o dejamos de hacer tenga sentido para nosotros- impregnan todos los ámbitos de la vida de las personas. No se puede pretender que se la puedes cambiar porque desde nuestro punto de vista es razonable, bueno, lógico, sostenible y genera un círculo virtuoso a largo plazo. Tiene que ser razonable para ese al que le quieres cambiar la perspectiva porque se supone que para ti ya lo viene siendo y eso no ha cambiado mucho las cosas. O casi nada.

¿Por qué es tan difícil de aceptar? Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver y porque, como decía el buen Upton Sinclair, nada es más difícil que hacer entender algo a alguien cuando su sueldo depende de que no lo entienda. Cambie la palabra “sueldo’ por la palabra “comodidad” y el resultado es el mismo. Además, en la ignorancia y en la indiferencia forzada por aquella, se duerme mejor y más tranquilito sin preguntarse tanta cosa.

Para muchas personas –que no saben qué hay, qué dice ni dónde queda el LUM, pero piden que lo cierren, lo investiguen o lo cambien–, se trata de aceptar un discurso según el cual hay algo mal con el sistema en el que viven. Pero el sistema es -como decíamos- muy cómodo porque además es todo lo que conocen y han aprendido a aceptar, a desear y a aspirar: ideología SmartTV y zapatillas Nike.

Rescate. Operación Chavín de Huántar.

Es, también, un paquete en el que todo está lateralizado: los “izquierdistas” (las comillas son porque no son solo ellos) dicen que el Estado, los militares y la policía también son responsables de las matanzas de los 80 y 90… pero ellos mataban terrucos; así que plegarse a ese discurso es plegarse a los terrucos y decirle chau a las zapatillas Nike.

¿Un diplomado en género o una escapadita a la Riviera Maya? Mmmm…

El reto es derribar el sentido común instalado que dice más o menos esto: “Los muertos no fueron míos, tuve suerte, qué pena por ellos, en toda guerra hay muertos inocentes, eran los terrucos o nosotros, ¿qué vamos a hacer, hasta cuándo vamos a seguir llorando? Hay que mirar adelante, hay que producir, el país no puede parar, déjame trabajar, hermanito. Y no jodan con eso del género, el matri gay, la CVR y los derechos humanos. No podemos hacer que los chibolos entiendan lo que leen ni que aprendan a sumar, no podemos hacer que baje la tasa de desnutrición y anemia, ¿y vamos a poder enseñar ‘género’ en los colegios del Estado? No podemos meter preso a Toledo con ruta del dinero armada y reconocida, ¿y quieres laicismo en las instituciones del Estado y que los FAP o los colegios no se plieguen a una marcha por la vida? Los terrucos bien muertos están y los otros, piña; el país no puede parar y no vas a meter presos a los que nos salvaron de los terrucos rojos asesinos. Los violadores bien castrados. Con mis hijos no te metas, el concebido está por encima de su receptáculo”. Y así.

 

Sí, exacto, como este…

Por eso, el problema es de comunicación: porque la guerra de los sentidos comunes se perdió hace tiempo. ¿Y cómo se cambia un sentido común instalado? Creando una narrativa nueva que se apoye sobre algunos de los valores que buscas reemplazar, esos que se consideran buenos y atractivos entre esos a los que quieres atrer. Y hay dos caminos: o se inocula con mucha sutileza o se monta sobre los deseos y expectativas más básicas y se dispara -cual mono- contra los “enemigos del pueblo”.

Ni el fujimorismo ni el aprismo son más atractivos que el progresismo ni construyen mejores mensajes (no tienen cómo), solo se montan sobre lo que hay y lo explotan. El progresismo es todavía ininteligible para una cantidad muy grande de peruanos para los que eso de los matices es una mariconada. Entonces, hay que fijarse en cómo, por qué y para qué vota la mayoría, qué y cómo deciden, qué información consumen y por qué; qué cosas los atraen, en qué creen, a qué aspiran. ¿Pueden estas personas aceptar que todo eso que los constituye a ellos o a sus gustos, deseos o aspiraciones no sea cierto, que todo eso sea insignificante y negativo y destructivo y degradante para el ser humano? ¿Quieren aceptarlo? ¿Tú quisieras?

Los pulpines que marchaban contra la ley que amenazaba con explotarlos vil y conchudamente, ¿marcharían contra la destitución del fiscal de la Nación o de los magistrados progres del TC, o contra la ley que cerró las puertas de la participación política a los movimientos locales, o contra la ley Mulder que pretende ahora cerrarle la puerta a cualquiera que no tenga al menos tres años de militancia en algún partido? ¿Por qué sale a marchar masivamente la gente? ¿El Papa? ¿La vida? ¿El miedo? ¿El hartazgo? ¿Por qué?

¿Sabemos en qué país vivimos?

Esto es lo que hay y toca escoger con qué nos aproximamos a despertar las conciencias: ¿con un discurso que nos gusta y parece perfecto a los mismos cuatro gatos de siempre -a los convencidos- o con uno que funcione con la gente que piensa que las cosas en las que creemos son cojudeces, sofisticaciones impertinentes de caviar sueco de la OCDE que quiere poner semáforos con interruptor para peatones en la Av. Abancay?

Si primero no reconocemos esto, vamos muy, muy jodidos.

Batucada para cuando ganes.

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