Así que te gustan las banderillas… a ver, clávate una.

¿De qué estamos hablando?

“Llegará el día en que los hombres, como yo, verán el asesinato de un animal como ahora ven el de un hombre”, Leonardo da Vinci.

Lo dijo un artista. Tal vez uno de los más grandes de la historia de la humanidad. Pero claro, seguramente el señor aquel “no entendía” este arte de matar de a pocos.

El argumento de que las corridas de toros son una manifestación cultural que merece ser conservada y cuidada y procurada es tan endeble que se cae solita: la cultura avanza y las prácticas cambian con los tiempos, entre otras cosas, precisamente porque somos cada vez más conscientes de las otredades: todas las otredades. Y se supone que cada vez entendemos mejor nuestro entorno y a los seres que lo integran junto con nosotros.

En el siglo XVII (hace alrededor de 400 años) René Descartes aseguraba que los animales eran máquinas sin alma y que eran, por ello, incapaces de sentir dolor o cualquier otra cosa (la idea era excluir el que tuvieran un ‘motor’ espiritual, pero esa es otra historia). Entendemos (y me parece que cualquiera en este debate, que haya tenido contacto con un animal, lo sabe), que aquello no es así. Los animales son capaces de experimentar dolor, sufrimiento y padecer de estrés tanto o incluso más que los seres humanos. Hasta pueden padecer enfermedades mentales y neurosis. Y eso no es subjetivo, es mensurable y se ha medido y se mide ¿nunca vieron un perro desmayarse o hasta morir de emoción?. (Si no me creen, cómprense este libro)

Dicen que no es tortura…

Puya del picador

Banderillas.

El resto de las

El derecho de un animal a no ser torturado y que su sufrimiento alargado no sea un espectáculo, debería pesar más que el derecho a divertirse y a aplaudir que tienen los asistentes a las corridas de toros. Eso me parece indiscutible. Lo otro sería decir: “yo tengo derecho a que se tolere mi afición y mi ‘costumbre’ y mi ‘manifestación cultural’; pero el toro no tiene ningún derecho: puede y DEBE ser torturado, cortado, mutilado, hincado, acosado, desorientado y muerto mientras yo aplaudo con mi bota de vino a un lado y mi flaca y mis patas al otro (disculpen mis amigos, pero encuentro el cliché irresistible).

La tesis de la valentía del torero y la técnica son poses accesitarias: se premia más y mejor al que mata más lento y ‘bonito’, no al que indulta. Por eso es tan raro.

Por otro lado, el argumento de que prohibirlas constituye una violación y una intromisión a los derechos de los aficionados y que ello es equivalente a que el Estado diga qué se les enseña a los niños en el colegio es una falacia y un absurdo porque de hecho ya sucede. ¿Quién diseña los currículos? ¿Cada padre en su casa o es el ministerio de Educación la entidad que decide qué debe ser enseñado, cuándo y cómo?

Lo que sucede en el ambiente privado no puede ni debe (y de hecho, legalmente no está) estar por encima de lo que el espacio público admite, permite, tolera o consiente. Las subjetividades de los individuos no son la ley, más bien al contrario.

Decir que la tauromaquia es cultura (lo es, sin duda) para justificar el actual orden de las cosas es, si se quiere, más subjetivo que decir que el toro sufre: lo primero no es más demostrable ni sostenible que decir que las puertas de un colegio deben ser marrones porque así ha sido siempre; así de simple. Por otro lado, afirmar que el toro sufre una larga agonía, entra en estado de shock y muere entre desangrado y asfixiado en su propia sangre, es de una evidencia tal que el demostrarlo científicamente fue una mera formalidad.

Afirmar que el toro no sufre, que agrede por instinto (es verdad, instinto de supervivencia, defensa de su vida) o la pasa bien o que incluso se deleita con el rush adrenalínico porque “nació para ese momento” es demasiado simplón, por decir lo menos, porque en realidad es estúpido. Por lo tanto, lo práctico y demostrable debe prevalecer frente a lo intuitivo en el espacio público. Si quieres matar a un toro dentro de tu casa con un corta uñas (muy lento y muy sangriento) y con tus invitados porque es cultura; adelante, pero no cobres entrada y no pidas exoneraciones tributarias. Es decir, hasta los libros (sí, incluso los de tauromaquia) pagan sus impuestos.

¿Que en los camales sufren más o peor y por eso es inconsistente consumir carne y estar a favor de que se prohíban las corridas de toros?; ¿En qué parte del planeta se quedó el sentido común? Como en el camal los animales sufren y tú te los comes da lo mismo que la tortura sea espectáculo.

O sea, vamos a bajar la valla, no a subirla: como el policía cobra coima y te deja ir, sal a la calle a manejar borrachísimo; como todo el mundo se mete tiros, sería hipócrita exigirle a una autoridad que no lo haga; como no se atrapa ni al 20% de los que delinquen, vamos a dejarnos de sonseras hipócritas y a todas luces imprácticas, inútiles e ineficaces y ya no vamos a denunciarlos porque es por gusto. ¡Ah! Y ni nos quejemos.

Ganado

Existen reglas para sacrificar animales para el consumo humano que buscan minimizar el sufrimiento; el que no se cumplan o se consigan los objetivos a cabalidad no significa que no deban estar allí o que sean exigibles solo a condición de que se cumplan al 100%. Eso de “o todo o nada” es más bien totalitario, no exigir coherencia con los tiempos. Somos mucho más inteligentes que eso.

No se legisla por lo que a alguien “le parece”; por eso es que hay más de 100 congresistas cobrando un sueldo (se supone). La subjetividad y el zeitgeist (así como la moda) siempre van a influir en absolutamente todo (como los toros, también). Así que se legisla, idealmente, de acuerdo a lo que se considera el bien común; a partir de hechos verificables y demostrables.

Funciona como la laicidad: uno puede inculcarle la creencia que uno prefiera a sus hijos, pero estos deben respetar las creencias de los demás en el espacio público (porque este es de todos) y no invadirlo; aunque su confesión religiosa sostenga lo contrario. Porque mi hijo puede ser musulmán o Hindú, pero antes es ciudadano peruano y se le debe respeto por ello y no puede ser discriminado. Y la única manera de hacer que ello se cumpla es resguardando el derecho de todos, limitando las subjetividades de cada una de las creencias o ‘manifestaciones culturales’ al ámbito estrictamente privado (por eso puedes erosionar con cuentagotas al toro dentro de tu casa, a menos que el maltrato animal esté prohibido por ley y alguien te denuncie). Si las escrituras de una determinada religión avalan explícitamente que los sodomitas deben ser lapidados en público ¿debe el Estado permitirlo para no interferir en el ámbito confesional privado? En absoluto. La ley se basa no en una moralidad determinada, sino en hechos y circunstancias mensurables y demostrables (lo que constituye la ética, en el fondo) de modo que las subjetividades como “es cultura” o “es religión” o “a mí me parece” o “están siendo intolerantes” no invadan el espacio público.

¿Qué es lo que a fin de cuentas es el espectáculo taurino? Un proceso muy lento de tortura asistida que termina con el desmembramiento del animal -incluso a veces- cuando todavía respira y su muerte en cómodas cuotas. La técnica del torero, si acaso, tendría algún valor si el animal no estuviera seriamente disminuido de antemano (que son las más de las veces) y el combate fuera de uno a uno. Aún así, se debería prohibir, así como el intento de suicidio mismo está penado en muchos países. Es anacrónico y desfasado y solo demuestra cuán crueles podemos llegar a ser. El gran rasgo humano.

Ahora bien, no es así aún y legalmente los animales no tienen derechos reconocidos en la Constitución. Y como me comentaba un buen amigo, tal vez más importante y sostenible que legislar en contra, es generar empatía (que es lo contrario de la crueldad) entre cada vez más personas. Son dos frentes. Es objetivamente cruel, objetivamente sangriento. Por ahí se puede empezar, recordando que el fanatismo de cualquier color, debilita en el largo plazo. La consistencia permanece; y la consistencia es mensurada.

Ojalá.

Ya pues, avancemos todos. Más pistas y más restaurantes de cinco tenedores no hacen más civilidad y mucho menos más humanidad. ¿Te gustan las banderillas y las espadas? Clávate una.

Ahora, la cita completa de Da Vinci:

“El hombre es en verdad el rey de todos los animales, pues su crueldad sobrepasa a la de estos. Vivimos de la muerte de otros. ¡Somos tumbas andantes!. Llegará el día en que los hombres serán juzgados por la muerte de un animal como hoy se juzga el asesinato de un hombre. Llegará el tiempo en que comer carne será condenado como hoy se condena el comerse a nuestros semejantes, es decir, el canibalismo.”

(Publiqué este Post el 2012 en La Mula pero lo vuelvo a postear sin moverle una sola coma: cortar/pegar)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s