Todos nerviosos

«Mulier Caesaris non fit suspecta etiam suspicione vacare debet»,

(La mujer del César… ya saben lo que sigue…)

Divino Cayo Julio César, según Plutarco.

Hoy –12 de febrero de 2020– sacaron al procurador Jorge Ramírez del caso Lava Jato porque no solo hay que ser sino también parecer y el sistema de defensa jurídica del Estado no puede ser puesto “en tela de juicio”, según manifestó en conferencia de prensa el flamante Procurador General de la República, Daniel Soria.

Soria explicó que la decisión de retirar Ramírez –hasta hoy procurador Ad Hoc del Caso Lava Jato– no tiene carácter sancionador ni debe ser interpretada como una evaluación del desempeño de Ramírez, sino como un camino para fortalecer al sistema y a la procuraduría. La determinación, sostuvo, fue tomada por el Consejo Directivo de la Procuraduría General “en el marco de sus atribuciones” considerando que el cargo de procurador es “de confianza”. O sea, dejaron de confiar en él.

En lugar de Ramírez se ha nombrado a su adjunta –la Dra. Silvana Carrión– lo que, en principio, es positivo porque ella ha estado cerca y conoce bien el caso y su curva de aprendizaje –que la habrá– no será tan larga como lo sería si trajeran a alguien de afuera. El otro aspecto positivo es que, aparentemente, el equipo de asesores y consultores de la Procuraduría Ad Hoc (conformado por profesionales de altísima calidad), también se queda. Lo que sea que le tome a la Dra. Carrión ajustarse al encargo será tiempo que jugará a favor de Odebrecht, desesperado por conseguir hasta el último centavo y minuto que pueda sacarle al Estado. Ojalá que no.

Procuradora Ad Hoc del Caso Lava Jato, Silvana Carrión. FOTO: Diario Expreso.

Ramírez no pudo explicar de manera convincente qué hacía él en el Ministerio de Energía y Minas (MEM) con Odebrecht ni responder al ex ministro de ese sector, Juan Carlos Liu, quien asegura que Ramírez lo llamó para pedirle que reciba a los de Odebrecht. Y como el sistema de defensa jurídica del Estado, dice Soria, debe ser inmaculado e incuestionable, hubo que sacar a Ramírez quien, además, es investigado por una extraña denuncia del procurador anti corrupción Amado Enco. El de hoy, en realidad, era un segundo strike.

Estaba cantado

La velocidad con la que vimos renunciar al ex ministro Liu era una clara señal de que en el Ejecutivo están dispuestos a deshacerse lo más rápido que sea posible de cualquiera que les atraiga mala publicidad. Cierto, Liu sí tenía un conflicto de interés no declarado con ODB: los había asesorado antes de ser ministro. Y el problema aquí no es que haya asesorado a la empresa, es que no lo haya hecho público. Y dice mal del presidente Vizcarra que no lo supiera. Si es que no lo sabía.

Juan Carlos Liu, el ex ministro de Energía y Minas, declaró ser amigo de Martín Vizcarra desde hace 30 años. FOTO: El Comercio.

En ese sentido, para Palacio de Gobierno, todos los funcionarios serían como mechas: si se enciende una no se molestan en apagarla, la cortan antes de que llegue hasta donde están ellos. Pero la percepción del riesgo que el Ejecutivo cree que corre varía según el tema del que se trate. Por ejemplo, el ministro de Transportes, Edmer Trujillo, tiene serios cuestionamientos –antiguos y actuales– que no solo no se enfrentan, sino que se ignoran escandalosamente. ¿Por qué? ¿Tiene que ver con que es un viejo amigo del Presidente? Seguro que sí. No se bota a los amigos. Entonces, ¿Liu no era tan amigo?

Vizcarra es un montón de cosas, pero sobre todo es un pragmático por naturaleza, por convicción, por deformación profesional (es ingeniero) y por situación: sucede que la precariedad puede tener ese mismo efecto en las personas. Cuanto más delicada y riesgosa es una situación, menos miramientos se tiene a la hora de abordarla: muerto el perro, acabada la rabia; más o menos.

El gran estandarte de Vizcarra es la lucha contra la corrupción en cuyo nombre convocó a un referéndum e incluso disolvió al Congreso con un enorme respaldo ciudadano: respaldo que constituye el único capital político con el cuenta. ¿Iba a arriesgar Vizcarra que dicha lucha se manche solo para salvarle el cuello al procurador Ad Hoc aunque en el camino le estuviera regalando tiempo precioso a Odebrecht? ¿Para salvar a su “amigo” contaminado con Odebrecht? No. De ningún modo. Eso se llama curarse en salud. Ser práctico.

Aprobación de Martín Vizcarra. El pico de 79% es el mes de la disolución del Congreso. Fuente Ipsos/El Comercio.

Lucha contra la corrupción sí, pero no cualquier corrupción, sino la que tiene sobre sí la mirada del gran público: los cuestionamientos sobre los amigos y hospitales sin terminar parece que no entran en esa categoría. Y sí, es cierto, visto con los lentes que usaba Fujimori –un problema, una solución– tenemos que la papa caliente es la corrupción inmensa y metastásica de Odebrecht y el Club de la Construcción que involucra a grandes nombres y perfiles; lo demás, las cosas feas y malas para Vizcarra, como decía Winnie the Pooh, pueden esperar para siempre.

Es verdad que el sistema y la lucha contra la corrupción están bajo ataque permanente desde el día uno, cuando se empezó a investigar a todos sin importar cargo o apellido o lineamientos ideológicos y a meter presa a un montón de gente, incluyendo ex presidentes. En gran medida, esta guerra contra los fiscales y el procurador se debe a que se están descubriendo los escondites de las mafias (sí, en plural, porque son varias y se superponen) y los mecanismos que han sido usados por décadas para robarle al Estado bajo la fachada de “obra pública” y “desarrollo”. Y esto, claro, involucra a empresarios, autoridades y funcionarios del Estado –presentes y pasados–, políticos, periodistas y consultores y estudios de abogados. Muchos estudios de abogados.

El objetivo de esta “resistencia” era –y es– evitar a toda costa que se conozca a ciencia cierta quiénes y cómo se beneficiaron del robo sistemático al Estado pues dicho conocimiento compromete a montones de gente, alguna con mucho dinero y poder y con muchísimo que perder. Y las mafias operan como pirámides: cuando una colapsa se cae íntegra con todos adentro.

Por un lado, la anti-lucha contra la corrupción la lideran las mafias –que aún tienen agentes enquistados dentro del aparato estatal– y, por el otro, una parte de la derecha más reaccionaria, esa que le tiene más miedo a los rojos que moran en su imaginación que a los delincuentes de cuello y corbata. Porque, hay que decirlo, muchos de esos delincuentes (fugados, perseguidos, procesados, investigados y presos) eran sus amigos, sus clientes y sus business y golf partners. Y es que para no pocos en este selecto grupo de cristianos nominales es preferible cruzarse con Barata y saludarlo de lejitos en el Pico Rojo de Poseidón (¡OBVIO que se pronuncia poh-sai-dohn!) que ver a Gloria Montenegro amarrándole un delantal rosado a un generalote, en un inequívoco síntoma de que el rojerío está aquí para quedarse y convertir el Roosevelt en una gran unidad escolar y el golf de San Isidro en el nuevo mercado de frutas.

¡Todos a Bailar que Jorge (Barata) paga!

La salida de Ramírez es una mala noticia porque significa que los esfuerzos de los mafiosos dan frutos. Sí, pocos, pero dan. Y porque parece que el Estado no termina de aprender cómo defender a sus representantes ni siquiera de los ataques más sonsos. La situación de quienes defienden al Estado y velan por sus intereses ante mafias y organizaciones criminales declaradas no puede ser tan vulnerable, y menos aún, sin ninguna prueba. Si los 40 ladrones acusan a tu lugarteniente de ladrón sin ninguna prueba, tu reacción no puede ser ignorarlos un rato y luego botar al señalado. ¿Y si mañana acusan a Vela de negociar por lo bajo con Odebrecht, también lo botan? Eso haría las delicias de Chávarry, porque a él no le ligó y lo intentó. Vaya que lo intentó.

Ex procurador Jorge Ramírez. Foto: Agencia Andina.

A Ramírez no lo pueden acusar objetivamente de nada, a lo sumo de hablar feo. Porque Ramírez no estaba con Liu y con ODB escondidos en un privado de algún restaurante de lujo ni en un chifita de barrio, nadie lo ha acusado de recibir tamalitos mensuales de nadie más por gestionar favores, no se ha comprado un departamento en París (ni en ninguna parte) ni su esposa tiene más de 200 propiedades, no tiene audios comprometedores, no tiene pantallazos coordinando porquerías, no muestra signos exteriores de riqueza, no aparenta desbalance patrimonial alguno… nada en su actuar –de lo que tenemos a la vista– dice que es un mafioso. Y de esos hay en el gobierno y no son pocos, pero Ramírez no parece pertenecer a ninguna de esas cofradías. Todos los mafiosos amigos de Hinostroza, de los cuellos blancos, de los hermanitos, de los aprofujimoristas lo detestaban y lo acusaban de hacer lo mismo que hacen ellos. Y esto lo saben pocas personas: Jorge Ramírez pertenece a la congregación Sodálite, es un hombre de familia, conservador, católico practicante y muy de derecha y todos los malos lo odiaban. Eso tiene que ser buena señal.

Quizás hubiera sido más saludable abrirle una investigación y dejarlo en el puesto donde, como dice el Dr. Nakazaki, con luces y sombras, parece haber hecho un trabajo honesto y prolijo en promedio, en el espíritu de que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Esperemos que el procurador Soria no se esté equivocando y no haya actuado como lo hizo por curarse en salud aunque en ello se le vaya alguien valioso.

Parece que el Presidente anda nervioso y eso pone nerviosos a los que tiene cerca. Y una cosa es trabajar bajo presión y otra bajo una constante incertidumbre esperando que alguna liebre salte de detrás de cualquier silla de la oficina. Esto último es precisamente lo desestabilizante, el “estar nervioso” así, vivir parado en una tablita en medio de un río inmenso infestado de cocodrilos. Y cuando la gente está nerviosa se equivoca. Mucho. Eso no es bueno.

¿Cabe la posibilidad de que estuvieran todos cocinando algo más grande y que cuando se les quemó el estofado le echaron la culpa al asistente de cocina que estaba sosteniendo la olla en ese instante? ¿Algún tipo de acuerdo extra judicial? ¿Un arbitraje tal vez? ¿Otro?

Cómo será pues…

El enredo. Extraño, muy extraño.

En el marco del convenio de colaboración eficaz con la empresa Odebrecht (en adelante ODB), un miércoles pasada la quincena de diciembre estaban reunidos en la fiscalía (en el Jirón Santa Rosa 242), el coordinador del equipo especial Lava Jato, el fiscal Rafael Vela, los representantes de la empresa y el procurador Jorge Ramírez. En dicha reunión, la empresa hizo de conocimiento del fiscal y del procurador que estaban evaluando demandar al estado peruano ante el CIADI del Banco Mundial porque en el Poder Ejecutivo no les hacían caso y estaban preocupados por la situación de los activos incautados por el Estado en el Gasoducto Sur (los tubos, las máquinas, etc.). Según el representante de ODB, la empresa quería que se le pagara a los proveedores y contratistas que participaron en el proyecto y se les devolvieran sus bienes. Muy considerados ellos (pffff). Pero había otra cosa: una prescripción extra de seis meses.

Gasoducto del Sur.

Tras la reunión, Ramírez llamó a la ministra de Justicia, Ana Teresa Revilla, (su jefa, pues el nuevo procurador general fue nombrado en febrero) para ponerla al tanto de lo que el representante de ODB les había contado en la reunión de colaboración eficaz a él y a Vela . La ministra Revilla, que ese día tenía consejo de ministros (son los miércoles) informó al Presidente Vizcarra. Y aquí se pone raro: Vizcarra le ordenó al entonces aún titular del ministerio de Energía y Minas (MEM), Juan Carlos Liu, que se comunique con Ramírez. La primera pregunta se cae sola: ¿por qué con Ramírez y por qué no con Ramírez y la ministra Revilla? El hoy ex procurador no tenía competencia alguna en ese asunto y solo podía informar lo que le dijeron los de ODB, nada más. ¿Por qué usarlo de mandadero? ¿Muy radioactivo el tema para comprometer a una ministra nuevecita (en enero apenas cumplía tres meses en el cargo)?

Por la noche del mismo miércoles de diciembre, el ex ministro Liu llamó a Ramírez para reunirse lo más pronto posible y coordinar una reunión con ODB. Liu quería que Ramírez le adelante qué cosa quería la empresa y, según dicen en el MEM, ver la posibilidad de evitar la demanda. Liu y Ramírez se reunieron los primeros días de la semana del 23 de diciembre en el despacho ministerial y luego de que el procurador informara lo que sabía, quedaron en reunirse con la empresa el 9 de enero siguiente porque los representantes de ODB estaban de vacaciones en Brasil. Por las fiestas, claro.

Rogerio Bautista da Nova Moreira

El 8 de enero se reunieron en la fiscalía ODB, el fiscal Vela, el procurador Ramírez y el gerente legal de la procuración de Brasil. El representante de Odebrecht era Rogerio Bautista da Nova Moreira, director jurídico de ODB y uno de los dos personajes que firman la demanda de la empresa contra el estado peruano ante el CIADI. Nada había cambiado.

El 9 de enero, todos en el Ejecutivo y en el sistema de defensa jurídica del Estado sabían que en el MEM los representantes de ODB se estaban reuniendo con Liu, su equipo y con Ramírez. Este confirmó su asistencia a último minuto por –dicen en el MEM– insistencia de Liu. “Ud. los conoce, yo no”. Y otra vez: ¿qué tenía que hacer Ramírez allí? Nada allí era de su competencia. ¿Por qué Liu lo quería allí? ¿Por qué Ramírez aceptó? Que de allí podría calcular con qué cobrarse la reparación civil adicional (adicionales a los U$600 millones del acuerdo de colaboración eficaz) que le correspondería pagar a ODB por el tema del Gasoducto Sur es remotísimo.

La reunión llegó a un punto muerto porque el MEM no tenía competencia para atender la petición de ODB que insistía el pago a los contratistas, extender la prescripción por seis meses más o demandaba. Así que llamaron al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que desde hace muchos años es donde se deciden las cosas verdaderamente importantes en el Perú. Allí, todos se indignaron y más o menos le dijeron a ODB “nos vemos en la corte del CIADI a ver si te aceptan la demanda”.

Luego nos enteramos que el ex ministro Liu había sido consultor de Odebrecht y que dijo que la reunión se la pidió el Procurador y que este lo hizo poner a todo su equipo a disposición de ODB. ¿Tan poderoso era Ramírez que podía hacer que un ministro de un sector ENORME y que además era amigo personal del Presidente de la República se cuadren él y su gente para recibir a una empresa delincuente? ¿Solo porque lo pide el Procurador que es el subalterno del subalterno de la ministra de Justicia? Allí nadie menciona la demanda. Raro, ¿no? Hay algo que no nos están contando… pero en fin. Sin duda nos enteraremos.

Este señor debe estar contento…

Mientras tanto, tome en cuenta:

  1. “¡ODB le va a quitar US$1200 millones al Estado Peruano, somos unos huevones, maldito Vizcarra, malditos fiscales y procurador vende patria!”

En el CIADI no son unos idiotas. Probablemente tienen a algunos de los mejores abogados del mundo trabajando allí. ODB ha reconocido por escrito que obtuvo el proyecto del Gasoducto cometiendo delitos y ahora demanda el Estado Peruano para que este le reconozca derechos sobre ese proyecto que ganó ilícitamente.

Imagine que a Ud. le roban el teléfono y que el ladrón, mientras lo tuvo, lo alquilaba y cobraba por minuto de uso. Imagine ahora que usted recupera su teléfono y que luego de un mes, el ladrón lo demanda para que usted le devuelva la plata que él perdió cuando ya no pudo alquilar el teléfono que le robó a usted. ¿Ud cree que algún juez con medio dedo de frente va a admitir esa demanda? Y si la aceptara, ¿usted cree que tiene alguna posibilidad de ganarle? Ya, esto del Gasoducto, ODB y el CIADI es igualito.

      2. “¡ODB nos demanda y no pasa nada!”

No, si pasa. Si ODB no retira su denuncia o si se la admiten, el Estado peruano va a incorporar a Barata, a la empresa y a todos sus lugartenientes en el proceso. ¿Qué significa eso? Que Barata y los demás directores de ODB que hoy andan libres caminando felices por la calle disfrutando de sus bienes mal habidos, pueden ir presos y pierden todos los beneficios de colaboración eficaz. Todos: presos y además les embargan hasta la camisa.

Hasta la próxima. (Si es que hay próxima.).

 

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