Claustro Pandémico

La vida es un arco iris que incluye el negro.
-Yevgeny Yevtushenko

Lima, hoy. FOTO: El Comercio.

Mirando los modelos de contagio que han publicado los más importantes medios de comunicación parece bastante evidente que el aislamiento social voluntario es por lejos la mejor y más eficaz medida para combatir la expansión del virus y, por lo tanto, al virus mismo.

Pero además está este texto Ethics of Precaution: Individual and Systemic Risk (Ética de la Precaución: Riesgo Individual y Sistémico), de Taleb y Norman de la Universidad de Nueva York, que dice que no cuidarse uno mismo en un contexto de epidemia es perfectamente comparable a un rasgo de psicópatas.

En las etapas iniciales de una epidemia el riesgo de cada individuo de contagiarse es bajo (hay 80 infectados en un país de 30 millones), pero a medida que se expande, el riesgo para otros y para nosotros aumenta de forma exponencial y comportarse de manera conservadora (por ejemplo, pensar, “ay, no va a pasar nada”), no solo es irresponsable sino racionamiento de psicópata: nula consideración para con el resto de seres humanos que pueden ser afectados por nuestra falta de atención a lo que hacemos.

No nos importa el resto.

Entonces, si el aislamiento social voluntario es la forma más eficaz para morigerar la propagación del virus, ¿por qué nos clavaron la restricción de tránsito obligatoria con suspensión de derechos constitucionales incluida? Porque se nos pidió que practicáramos el aislamiento social voluntario y nos fuimos a pasear al parque, a la casa de un amigo, al centro comercial, al cine, al restaurante, de parranda a la disco o al bar, nos fuimos a la playa, a la fiesta del matri de Claudet y Matt, a la misa, al supermercado en mancha para saltarnos el racionamiento. Nos pidieron mesura y nos facilitaron trabajar desde casa y nos fuimos de vacaciones. Literalmente.

No dimos la talla. Simple. Lamentable, pero predecible y esperable.

Por ejemplo:

La persona que se siente de vacaciones en pleno inicio de parranda no se va a morir. Pero quizás muera alguien a quien ella contagie. O quizás muera alguien intentando salvarla a ella si se enferma. No está en su radar, no le importa el resto. ¿De qué son esos rasgos?

El problema no es la persona del ejemplo, sino que es un ejemplo porque hay demasiadas personas que actúan así y no hay manera de controlarlo que no sea con medidas extremas. Así que como no entendimos por las buenas, ahora nos toca por las malas, como dice mi amigo Man Ray.

Importante: entre quienes no respetaron el distanciamiento voluntario recomendado por el gobierno también están quienes cuya supervivencia depende de realizar alguna actividad que les reporte ingresos de manera regular o cotidiana. Están, por ejemplo, esas personas que perdieron su chamba en una empresa de cines; empresa que en vez de cerrar por la emergencia, quería que la gente intercale las butacas. También están los empleados de esos otros ex aspirantes a autoridad que hacen fiestas temáticas de 299 personas (el límite recomendado por el gobierno era 300) con marcas de whisky. También están los que han ido a trabajar hoy para que no los despidan y se han subido a un micro con sus hijos porque no tienen con quién dejarlos (no hay colegios).

No todos se sentaron en la recomendación del aislamiento voluntario para irse de fiesta o de pseudovacaciones, pero con solo uno de esos basta para poner a una cantidad muy importante de gente en peligro. Así que había que hacer algo drástico para evitar una desgracia nacional.

Y Vizcarra, un pragmático que se mueve mejor frente a un monstruo de una sola cabeza que ante situaciones cotidianas más simples pero más numerosas y con más aristas, ha estado a la altura del reto. Al menos hasta ahora. Y entonces nos mandó a encerrar.

Cuando no tiene un único enemigo claro al frente, el mismo Vizcarra, solito, se encarga de fabricárselo. O le regala un garrote a sus enemigos: como cuando botó al procurador por gusto y por miedo.

Aquí una versión del clarísimo modelo elaborado originalmente por el Washington Post y que anda dando vueltas por Internet.

El peor escenario es ese en el que hacemos como si nada. El mejor es cuando voluntariamente nos guardamos. Que nos guarden es el menos peor. Y, o nos ajustamos a lo que hay o, como dice Susel…

VIVIR AL DÍA O…

Según Vizcarra, son 9 millones de personas las que podrían quedarse desamparadas por el Estado de Emergencia. Ellos y sus familias, si no trabajan, ese día no comen.

Vizcarra dice que le va a tocar 380 soles a cada familia por esos 15 días en que no trabajen, es insuficiente, pero algo es algo. Dijo también que los va a ubicar en la ONPE y yo me quedé pensando: han entrado 800 mil venezolanos al Perú y una inmensa mayoría de ellos a la economía informal de jornal de subsistencia (taxi, delivery en bici, por ejemplo). Casi ninguno está en la ONPE. ¿Qué va a pasar con ellos?

Va a ser durísimo para todos. Pero apostaría un brazo a que nadie morirá de hambre. De lo que sí estoy 100% seguro es que de extenderse el contagio el sistema de salud peruano colapsará inmediata e irremediablemente; y de que si nos pareció feo ver gente jalándose las lentejas y el papel higiénico en el supermercado, cuando haya 5 pacientes esperando por un ventilador mecánico en la puerta de la UCI de algún hospital y haya que dejar morir a 4, vamos a extrañar lo civilizado del pleito de las menestras.

Nota original: https://www.elespanol.com/mundo/20200313/dilema-medicos-italianos-elegir-paciente-muere-coronavirus/474452837_0.html

Creo que evitar el colapso del sistema de salud es prioritario porque detrás el no caería solo el ministro, ni solo el Presidente: caería el sistema democrático completo. Este, como todas las instituciones, solo existirá mientras la gente que vive bajo él crea que existe. Un solo muerto es un argumento difícil de rebatir ideológicamente o desde el “deber ser”.

No sé si nuestro país es capaz de mirarse tan crudamente en ese espejo, no sé si podemos imaginar la magnitud de ese daño. Los peruano no toleramos mirarnos ni en el Congreso que escogimos, por eso todos nos lavamos las manos y le echamos la culpa a otros por los que están sentados allí, como si provinieran de otro universo.

Las personas condenan con más fuerza lo que les hace recordarse a ellas mismas.
¿Imaginan ver personas insultándose en la puerta de la UCI con su enfermo en una camilla? ¿Las imaginan agarrándose a puñetes mientras gritan que hay que dejar morir al otro enfermo para que se salve el suyo? ¿Cuánto nos tardaríamos en recuperarnos de una visión tan brutal de nosotros mismos? ¿Qué nos haría como sociedad?

Quizás nos cura, pero no me atrevería a sugerirlo.

COLOFÓN

China anunció hace unos días (3 o 4) que ha logrado contener la epidemia dentro de sus fronteras y que está terminando de desmontar los hospitales que construyó para atender a los enfermos del COVID-19. En ese país se registraron más de 80 mil infectados y 3 mil muertos a causa de la epidemia.

El gobierno chino pudo construir 10 hospitales en menos de dos semanas para intentar mitigar el efecto de la enfermedad (no hay cura y aún no hay vacuna, así que el virus sigue su curso hasta que el cuerpo humano fabrica los anticuerpos específicos que le hacen frente y lo derrotan), pudo poner en práctica protocolos de seguimiento y control de tránsito de sus ciudadanos que harían palidecer a George Orwell es su día de imaginación más paranoica y ponerse verde de envidia al Gran Hermano.

Cierto, el gobierno chino causó que muchísima gente muera porque se negó a reconocer el problema. Pero, las condiciones que le hicieron posible al gobierno esconder que el virus de Wuhan se había desatado, ¿son las mismas que le permiten ser el primer país en contener la epidemia de manera más o menos eficaz?

China es otro mundo; se mire como se le mire y desde donde se le mire. Su gobierno tiene un poder (capacidad de hacer que las cosas sucedan como, donde y cuando decide que sucedan) que no tiene ningún gobierno de ninguna democracia de las consideradas modernas y sus decisiones son invituperables e incuestionables por la sociedad “civil”. O vas preso.

Pero, además, como dice el autor del hilo de Twitter que cito al final de este post, China tiene una población con una poderosísima consciencia de la importancia del colectivo del que forman parte. Para sus propias vidas y para las vidas de sus familias. No es patriotismo, es una profunda consciencia de pertenencia e interdependencia, la certeza de que los destinos de todos están atados.

No sé si eso es bueno o es malo, pero en las actuales circunstancias me parece algo muy difícil de criticar.

“La dedicación, el esfuerzo y el bien común sobre las libertades individuales son valores asumidos en China.”, dice @Nyscalo. Y ahora le están echando la culpa de la existencia del virus a EE.UU.

Manya…

 

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