AFP: Reiniciar

Desde su creación hace 28 años (en 1992, el mismo año del autogolpe), las AFP se erigieron como el paradigma del (neo)liberalismo importado de Chile que habría de salvarnos de las ruinas del aprocalipsis de Alan García. En la práctica y en parte gracias a su enorme capacidad de aglutinar fondos en un mercado cautivo por mandato legal, se convirtieron en la manifestación tangible de la responsabilidad fiscal instaurada en los primeros 3 años del primer fujimorismo y de la recuperación económica posterior.

Entre las muchas razones que se expusieron para justificar su creación en el Perú había dos particularmente atractivas porque ofrecían salidas prácticas a problemas estructurales que nadie sabía muy bien cómo enfrentar. Primero: como Alan García pulverizó el ahorro interno del país durante su primer gobierno, se necesitaba reconstruirlo lo más rápido que se pudiera para tener qué invertir en cerrar la gigantesca brecha de infraestructura que también nos dejó el primer gobierno aprista (y los anteriores). Segundo: el Tesoro Público estaba ahogado y era incapaz de afrontar sus obligaciones -las contraídas con el Club de París incluidas- y pagar pensiones era visto como arrojar dinero a un pozo sin fondo que solo crecía.

Entonces, al crear un sistema privado de pensiones que contaba con un ingreso fijo que provenía de los propios trabajadores, con cuentas individuales de capitalización y con una administración privada, se mataban esos dos pájaros de un tiro: el ahorro interno que se inyectaría en la economía crecería inmensamente y el Estado liberaría ingentes recursos a futuro para, en vez de pagar pensiones, pudiera invertir en servicios públicos e infraestructura. Fujimori le dio el “ok” al proyecto de su ministro muchachón, Carlos Boloña.

La ironía aquí es que las reformas de Fujimori en el ámbito laboral dispararon la informalidad en el país de una manera y dimensiones sin precedentes. Siendo el sistema de pensiones dependiente de los aportes que son descontados de una planilla y retenidos por un empleador, Fujimori dinamitó su futuro con el desmantelamiento de los sindicatos, la liberalización de las leyes laborales, la desprotección de los trabajadores y el enaltecimiento hasta la extravagancia del emprendedurismo individual como el non plus ultra del éxito y la realización personales. Todo ello impidió que el sistema, primero, crezca en cobertura (solo cubre a 1 de cada 5 trabajadores y esto es); y, segundo, forzó a que el Estado siguiera destinando una cantidad enorme de recursos para pagar pensiones.

Empleo Informal 1986_2001, Gráfico por fina cortesía del Dr. Hugo Ñopo.

 

No es que el sistema hubiera funcionado como ofrecido si Fujimori no desmantelaba las protecciones laborales. Pero tal vez hubiera durado un poco más y hubiera servido más que para solo darle pensión digna y suficiente a -quizás- 200 o 300 mil personas. Personas que por su nivel de  ingreso quizás jamás necesiten una pensión.

Desde 1992 ha habido varias formas en las que se ha “pervertido” el sistema: Regímenes de Jubilación Anticipada (REJA I, II y III) y retiros y devoluciones parciales (como la de 95%). Pero eran solo parches para sostener un desarreglo mucho más profundo y estructural que el solamente poder registrar utilidades incluso cuando los fondos que administran pierden.

Aunque han contado con la complicidad de la clase política más merca, rancia y coimera que nos ha tocado a lo largo de estos casi 30 años, lo que realmente ha llevado a las AFP a esta situación han sido, sobre todo, ellas mismas a través de su complacencia y renuencia a salir de su zona de confort. Hasta hace no tanto, criticar a las AFP era criticar al sistema, era ser un retrógrada, un conspiranoico, un ignorante o algo peor: un rojo, un comunista. El sistema privado de pensiones y sus 170 mil millones de soles administrados salvarían al Perú de sus enemigos, pero sobre todo de sí mismo. Y a los afiliados también había que salvarlos de sí mismos.

Como puse en el post anterior, hay más de 1.2 millones de afiliados con 2000 soles o menos en su fondo que no aportan hace al menos 1 año y que quizás nunca alcanzarían una pensión. Y las AFP lo sabían, pero tuvo que venir el gobierno en medio de una crisis integral sin precedentes a pedirles que devuelvan. Y si hoy han atracado sin chistar es solo porque están bajo la amenaza -más real que nunca antes- de perder sus privilegios como uno de los gremios empresariales que llevan la voz cantante.

La idea detrás del diseño primigenio de las AFP era simple: cada uno baila con su pañuelo y cada uno tiene una cuenta. A diferencia de los sistemas solidarios (o de olla común), los aportes y la rentabilidad que generaban se llevaban individualmente. Luego de aportar un diezmo durante 40 o 45 años cada mes, la AFP otorgaría una pensión hasta la muerte que equivaldría al 60 o 70% del último sueldo recibido. Hoy, ese 70% es 35% y amenaza con ser menos.

Hubo muchos intentos de reforma y casi todos fueron resistidos por las AFP y por sus dueños (los bancos) y aliados (todos los que trabajaban con los bancos). Las primeras iniciativas del sistema por reformarse tímidamente a sí mismo datan apenas del 2017 (en este gobierno). Y aunque me gustaría pensar bien pues no quiero creer que lo hicieron porque también estaban bajo amenaza, lo cierto es que en enero de ese año se formó una comisión de expertos para repensar y reformar el sistema de pensiones peruano, incluyendo a la ONP. En sus conclusiones, la comisión recomendaba un sistema en el que las AFP perderían muchos de sus privilegios. Y de sus fuentes de utilidades.

Nada ha funcionado. Es hora de replantear. Reset.

 

ADDENDUM

  1. El Presidente Martín Vizcarra anunció hoy una reestructuración integral del sistema de pensiones y eso incluye a las AFP y a la ONP.
  2. Mañana, el Congreso debatirá si se obliga a las AFP a devolver hasta el 25% de los fondos que administran. El Congresista Urresti está en plena campaña presidencial y nadie sabe cómo mitigar tamaña salvajada (que es y que se puede). En fin, se lo buscaron. Nos lo buscamos todos.
  3. Habemos muchísimos críticos a las AFP, al espíritu detrás de su proceso de creación, a su lógica y a su comportamiento. Pero hay que recordar que más allá de lo que nos parezca, de cuán malo pensemos que es, la existencia del Sistema Privado de Pensiones es lo que nos permite hoy discutir qué se hace con los 170 mil millones de soles que las AFP administran. ¿Estaríamos en esta discusión si esos aportes de los últimos 28 años estuvieran en un fondo común? ¿Habría tanto ahorro interno sin tocar y del que se puede echar mano hoy si esos fondos hubieran estado en la ONP con el Estado de administrador? Me permito dudarlo. Mucho.
  4. Ese dinero tiene dueño: los afiliados y ante ellos se responde.
  5. Quienes odian a Fujimori y a sus medidas “neo” liberales de restricción de gasto y de estabilidad y austeridad fiscal van a tener muy difícil odiarlo ahora. Sin esas medidas quizás en el Perú estaríamos acumulando cadáveres en los hogares sin tener ni los recursos ni la posibilidad de recogerlos sino hasta después de 4 días. Como está sucediendo en Ecuador. El despliegue enorme de esfuerzos que está haciendo el gobierno es solo posible porque hay recursos suficientes y varias herramientas y fuentes de dónde sacar más. Fondos de ahorro, reservas internacionales, bajo nivel de deuda, buena reputación financiera internacional. Sí, Fujimori es un delincuente que dejó a la educación y a la salud públicas a que se pudran por pedazos (como a otras instituciones) y quizás nunca sabremos si hubiéramos capeado mejor esta crisis si hubiera invertido más y mejor en esos sectores. Suerte que no tenemos que adivinarlo.
  6. Es una mala idea que los aportes previsionales sean voluntarios.
  7. Es una peor idea que los aportes voluntarios sean administrados por los propios interesados.
Dionisio Romero: “Yo entregaba el dinero a la señora Keiko Fujimori”

“La luz en las tinieblas resplandece y las tinieblas no prevalecieron contra ella”, Juan 1:5

4 comentarios en “AFP: Reiniciar

  1. “Es una mala idea que los aportes previsionales sean voluntarios”.

    Pero ¿no resulta un contrasentido?. Si lo que siempre se ha pregonado es la libertad y la infalibilidad de la mano invisible.

    Si el estado invirtiera en cultura financiera y de los beneficios que ellos conllevaría a futuro, no tendría que hacerse cargo de un sistema previsional y enfocar su potencialidad en aquellos que por razones residuales no pudieron acceder a uno, entre otras, variables.

    Saludos,

    Luis Farfán Falcón

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s