ENTREVISTA: Desempleo sin precedentes.

Hugo Ñopo, PhD. Investigador Principal de GRADE.

Es muy difícil calcular cuánto decrecerá la economía este año. Se calcula que se contraerá entre 10% y 20% en los escenarios moderado y grave, respectivamente y se perderán al menos 1.2 millones de puestos de trabajo. Además, el mercado no podrá seguir albergando a los 6 millones de independientes que el INEI cuenta como empleados cuando en realidad, ya antes de la crisis, apenas sobrevivían ganando en promedio menos de 1000 soles mensuales. Sin “jefes”, sin derechos, sin nadie que los despida porque nadie los ha contratado.

En el Perú, el 80% de los ingresos de los hogares proviene de su propio trabajo. El 20% restante proviene de alguna renta que, en los sectores C, D y E a los que pertenece casi el 90% de los peruanos, es casi inexistente.

Algunos sectores de la economía (servicios turísticos, entretenimiento, cultura) prácticamente desaparecerán. Muchos deberán migrar a otros sectores que también se estarán contrayendo y en los que difícilmente habrá lugar ni para más empresas ni para más personas.

La vulnerabilidad estructural del Perú ha quedado al descubierto. Tener la billetera más o menos llena gracias a la rigurosa disciplina fiscal observada durante las últimas décadas impedirá que la neumonía nos mate. Pero, si la libramos, saldremos de ella en peor situación que aquella en la que entramos: con una infraestructura institucional y de servicios básicos que seguirá siendo deficiente, deficitaria, inoperante y secuestrada por la corrupción, pero, esta vez, además, sin ahorros.

En 1990, tras el aprocalipsis de Alan García, el mundo salía de otra crisis (1987), pero pudo darnos una mano para salir del agujero en el que nos dejó el APRA. Aquella crisis no produjo más de 400 mil muertos en poco más de seis meses ni cerró las fronteras de decenas de países.

Esta vez, ¿quién podrá salvarnos?

El emprendedurismo ya no será una salida factible para el desempleo en las circunstancias actuales y futuras: eso de “soy empresario porque mi micro es mi empresa” (slogan de los 90s de un comercial de Confiep) no va más.

De hecho, nunca lo fue: un trabajador en una empresa pequeña -propia o ajena- alcanza apenas 1/16 (un dieciseisavo) de la productividad que alcanzaría en una empresa grande. ¿Cómo así nuestro sector empresarial se quejaba de la baja productividad del trabajador peruano y al mismo tiempo alentaba el emprendedurismo que nos ha llenado de combis y empresas de transportes truchas, por poner dos ejemplos nefastos? Todo es muy confuso. Siendo justos, este es un fenómenos latinoamericano, no lo inventamos aquí (ni eso inventamos aquí).

Lo que nos espera como país después de la pandemia del Covid 19 no tiene precedentes. Pero en todas las crisis hay oportunidades para reflexionar y hacer cambios. Quizás es lo que nos toca hacer.

Aquí está Hugo y sus pareceres sobre estas y otras cuestiones más profundas. Gracias por la visita.

Sí amiguito, la cuarentena sí funcionó.

EL ÚLTIMO BRINDIS

Brindo por nuestro hogar en escombros

por el dolor de mi vida

por nuestra soledad juntos

y hacia ustedes elevo mi copa:

A los labios que nos traicionaron con mentiras

A los ojos fríos e inmisericordes como la muerte

Y a las duras realidades:

Que el mundo es brutal y está maldito.

Que Dios, de hecho, no nos ha salvado.


Anna Akhmatova (traducción propia de la traducción al inglés de Stanley Kunitz y Max Hayward)

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