El Peor Congreso de la Historia

Manuel Merino de Lama (de Acción Popular), Presidente de la Mesa Directiva del Congreso (2020-2021)

 

“Trágica paradoja de la libertad: los hombres mediocres que por sí solos hacen su ejercicio posible, no pueden garantizar que perdure.”

Émile Cioran (Historia y Utopía, 1960)

 

Si peor que un burro es un burro con iniciativa y peor que un burro con iniciativa es un burro con poder y maledicente: ¿es este el peor Congreso de nuestra historia reciente?

No, no lo es. No todavía. Lo conseguido por el Congreso disuelto en 2019 es de antología (si no te acuerdas, recuérdalo aquí) y ni siquiera el intento irresponsable y adefesiero de este Congreso de modificar la Constitución para darse impunidad total a nivel constitucional, los coloca cerca de la decadencia y niveles subterráneos que el parlamento disuelto alcanzó en sus 3 años y pico de existencia.

¿Significa eso que nunca los alcanzarán? Hasta hace un par de semanas, yo pensaba que no, pero estaba equivocado. Sí pueden, claro que pueden (pero igual no voy a extrañar a Olaechea).

 

MÁS MALO QUE PEOR

Como escribí aquí, el Congreso anterior tenía a una sola persona y a sus particularísimos intereses, frustraciones, sed de poder y sangre en el ojo en control absoluto de 70 y pico congresistas y sus respectivos votos. Una sola persona era mayoría absoluta en el Congreso (56%). Control absoluto: les decía a los congresistas bajo su poder hasta cuándo aplaudir y cómo hacerlo (“aplausos protocolares“).

La ironía es que la genuflexión unívoca del Congreso disuelto por Vizcarra a la voluntad, arrebatos y caprichos de una sola persona (La Sra. K) le daba a ese mismo Congreso sustancia, dirección y orden (lumpenesco, sí, pero orden al fin). Dos gatos intrigantes de otro partido urdían y planeaban, la Sra. K enviaba un WhatsApp y los 70 y pico de la BotiKa empujaban sin chistar.

La estructura empezó a formarse desde los pitufeos de la campaña 2011. Proceso. Diseño. Orden, pues. Como en un clan de hienas manchadas, había una jerarquía a la que todos estaban sujetos y la jerarca determinaba el objetivo principal y negociaba los objetivos secundarios con los aliados viejos y trepones. Y nadie se disparaba por su lado porque donde manda Fujimori, no manda Reátegui. 

El actual Congreso, en cambio, está dividido en muchas cabezas pequeñas, cada una con su particular lista de deseos que, aunque se parecen un montón, no son los mismos. (casi) Todos buscan votos para reelección, prebendas para no irse con las manos vacías y privilegios, blindajes y venganzas para ellos o para sus financistas; pero cada uno por su lado, sin una cabeza que organice. Forzados a negociar, van encontrando las coincidencias y avanzan a trompicones, todos revueltos y de cualquier manera. Pero avanzan.

Y consiguen cosas. El dictamen de la comisión de Economía del Congreso para congelar las deudas de los bancos tiene 93 páginas porque recoge más de 20 proyectos diferentes presentados por distintos congresistas, algunos de la misma bancada. La modificación de cinco artículos de la Constitución que los hace impunes y permite meter preso al Presidente sin antejuicio les tomó apenas 7 horas y varios ni lo leyeron (o eso dicen ahora, lee aquí un artículo buenazo al respecto). Y esos son solo los dos ejemplos más recientes.

El Congreso que tenemos hoy se mueve como una nube de langostas famélicas: sin jerarquía ni consigna común expresa, pero en la misma dirección; sin arrancarle un brazo a nadie, pero a su paso no queda ni un palo ni un constitucionalista en pie.

Pero no son peores que los anteriores. Son diferentes.

Por justicia, debemos decir que en este Congreso hay menos condenados y procesados -y por una menor diversidad de delitos- que en el anterior.

 

PLATA EN MANO…

Otra importante diferencia entre este mal Congreso y el Fujicongreso disuelto son los lazos que unían a este último con eso que en la izquierda insisten en llamar “los poderes fácticos” (la paja en el ojo ajeno) y que casi se podría resumir en una palabra: Confiep.

La estrecha relación que la lideresa de la BanKada tenía (¿tiene?) con el gran empresariado le daba al Fujicongreso una predictibilidad que el actual Parlamento no les ofrece, especialmente en materia económica. Libre mercado a ultranza, casi nulo intervencionismo estatal, desregulación a todo meter, eliminación de derechos laborales y flexibilización laboral y de normas ambientales, reforma tributaria para que paguen menos impuestos…

En síntesis: autorización para hacer plata sin que el Estado joda. O sea, más o menos como hasta ahora. Y eso cuesta.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

Haberle entregado en secreto, en persona y en la mano 3.5 millones de dólares a tu candidato no es como ponerle una brida, pero compra algunas garantías para ti y tus intereses. El gorrito que pasó Confiep para darle dos millones más a la Sra. K tenía el mismo fin: todos quieren alguna “garantía”. Incluso Odebrecht.

Y esos intereses iban por delante porque cuando hay libre mercado el que ofrece la mejor relación calidad-precio es el que gana, ¿cierto?

Pero las grandes empresas metropolitanas y sus dueños no son el único poder fáctico en el Perú, ni el PJ de los hermanitos y Cuellos Blancos las únicas organizaciones “polémicas” con intereses representados en el Fujicongreso.

 

…CHIVATO EN PAMPA

En su carrera 2016, Fuerza Popular se alió con empresarios y emprendedores de muchísimas actividades cuyos negocios florecieron gracias a la informalidad y a la ausencia del Estado.

Actividades extractivas (como tala y minería) realizadas en los contornos de la legalidad y universidades chatarra que vendían títulos como si fueran entradas al cine fueron solo algunas de las formas en las que muchos emprendedores se organizaron para forzar el chorreo de la jamás cumplida promesa “neoliberal”. No espero a que me pongan luz, me trepo al poste, jalo un cable y pongo una discoteca para vender cerveza. Total, nunca nadie está mirando. Si viene un tombo, le invito una chela. Si vienen dos, los coimeo. Si viene el jefe, pago cupo. Si viene el jefe de Lima, lo hago socio. Puede parecer crudo y lo es. Pero también es verdad.

Estos emprendedores y empresarios estaban al final de la lista de pedidos del Fujicongreso, pero estaban. Llegaron al Parlamento con Fuerza Popular y otros partidos que lograron emanciparse de las “marcas grandes”.

 

Los pleitos de la Botika con otros grupos políticos que representaban (y que representan) a los “poderes fácticos” emergentes existían y eran frecuentes, pero constituían diferencias menores comparadas con el objetivo que convirtieron en común: sostener un estado de cosas tal que permitía a los Acuñas seguir enriqueciéndose con la esperanza traicionada de miles de estudiantes, a los Mulder mantener alguna relevancia antes de que su partido estire la pata y – sobre todo- a los Sras K mantenerse lo más lejos posible de Santa Mónica. 

 

LEGISLAR PARA “EL OTRO”

Cuando se disolvió el Congreso y cayeron los hermanitos, los furgones de cola del Fujicongreso pasaron al frente, los suplentes se convirtieron en titulares y los partidos empresa se quedaron con la mesa servida, ahora sí, para poner sus intereses por delante de los de Confiep.

Eliminar peajes, congelar deudas bancarias, obligar a las AFP a devolver una parte de los fondos que administran… todos esos son negocios Confiep. Por otro lado, volverse impunes, investigar a SUNEDU por las universidades negocio sin certificar…  Pepe Luna no lo hubiera soñado más bonito.

Por eso todos los voceros de la derecha y del empresariado detestan a este Congreso más que al anterior, porque por primera vez en casi cuatro décadas sus intereses no son la prioridad del Congreso.

 

¿Y LOS “BUENOS”?

La pared fujimorista en el Parlamento anterior le daba espacio a sus más allegados, pero también permitía el lucimiento de sus “enemigos”. Nadie va a decir que eres un menso blandengue si te ve meterle un tacle al muro de Berlín y este no se cae. No es muy útil, cierto, pero es un gran y muy efectivo gesto demagógico. Y del más barato, que es el que más sale.

Así, igualito, de mentirita.

 

Sin Fujicongreso, por ejemplo, no hubiera existido nunca un Presidente Vizcarra en los libros de Historia del Perú. Sin Fujicongreso no hubiera bastado agarrarse de la silla y ajustar mientras gritas que los del frente son unos mafiosos abusivos.

Por eso, cuando se cayó la pared, la ineficacia, la incompetencia y la irrelevancia de los gestos contra la mafia organizada quedó al descubierto. Y es bien fea, oye.

Ya no basta con denunciar al “malo” o contestarle con un desplante, o gritar en un set de televisión (o en Zoom) que todo está podrido. Y no sirve, primero, porque ya no hay uno solo al que se pueda etiquetar de “el malo”, ahora son muchos y van rotando semana a semana. Y segundo, porque si ya no hay una pared, ¿qué cosa pateas, contra qué te estrellas para “mostrar” que la estás “luchando” por la libertad y la justicia?

¿Cuántos congresistas actuales están diciendo algo de la lucha contra la corrupción? ¿Qué está peleando el o la congresista por la que votaste tú? ¿Sabes? Después no te quejes del Congreso que te “toca”.

 

EPÍLOGO

Este Congreso no es mejor que el Congreso disuelto y nadie con dos dedos de frente esperaba que lo fuera. Viniendo del mismo lugar que su predecesor, de los mismos partidos y de los mismos electores que deciden su voto en la cola sin conocer a sus representantes, ¿cómo podía ser mejor? ¿Por qué?  

En 20 días será 28 de julio. Ese día marcará el inicio del último año del período presidencial que le tocó completar a Vizcarra y el principio de la invulnerabilidad absoluta del Congreso. Absoluta porque sin importar qué cosa haga, no puede ser disuelto. El Presidente puede hacer 200 cuestiones de confianza y el Congreso negárselas todas y censurar 500 ministros y no pasa nada. Y ahora, además, podrá meter preso al Presidente que, sin partido, sin bancada y sin operadores políticos, solo tenía la cuestión de confianza y la posibilidad de mandarlos a su casa para emparejar la cancha. Y eso se acaba en tres semanas.

Aunque de todos modos al Congreso no le importe mucho lo que piense la ciudadanía (tras aprobar sus modificaciones, convocaron a una conferencia de prensa para celebrarse por lo “logrado”), esta está hoy más asustada que harta y no apoyará en las calles al Presidente.

Es verdad que las modificaciones constitucionales aprobadas deben pasar por una segunda votación* antes de diciembre y, de ser ratificadas, seguramente el Ejecutivo las observará y demandará ante el Tribunal Constitucional declarar todo inconstitucional. Pero ¿y si el Congreso elige a los magistrados del TC antes de ratificar las modificaciones*? ¿Quién dirá luego que es inconstitucional? ¿Esos que acaban de ser elegidos por esos que hicieron las modificaciones? 

Aunque las matemáticas no sean lo tuyo, esto pinta mal. Y todavía no hemos hablado de la crisis sanitaria y económica y…

 

 

*Es verdad que el congresista Daniel Urresti ha anunciado que no votará por la ratificación, pero también celebró en sus redes sociales la aprobación de esa modificación. Eso puede deberse a: i) votó sin leer y se dio cuenta al día siguiente, ii) le tomó 24hrs entender a favor de qué estaba votando, iii) se dio cuenta de que si quiere ser presidente le estaba disparando a los pies al Daniel Urresti del futuro o iv) sus decisiones son tan firmes como un flan y las renuncias de constitucionalistas y el apanado en tuiter lo “convencieron”.     

2 comentarios en “El Peor Congreso de la Historia

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