Merino se queda.

“When the snows fall and the white winds blow, the lone wolf dies but the pack survives.”
― George R.R. Martin, A Game of Thrones

 

Pese a todo, el congresista Manuel Merino de Lama de Acción Popular, se queda presidiendo la Mesa Directiva del Congreso. Otorongo no come otorongo, eso es verdad. Lo vemos todo el tiempo en este Congreso, lo vimos en el anterior (y disuelto) y en el anterior a ese y a ese y a ese… y así ad infinitum para atrás.

Los funerales de Atahualpa. Luis Montero.

NOVENTA Y TRES congresistas votaron a favor de que Manuelito se quede (abstenerse es votar con la mayoría, no joroben) y solo 10 para que se vaya a su escaño como primer paradero camino a su casa y, quién sabe, a Canadá. Hasta el FREPAP -la bancada que viene haciendo uno de los papeles más dignos (y sorpresivos) de este Congreso- se abstuvo.

Se entiende que el Frente Amplio votara en bloque a favor de la salida de Merino porque ellos presentaron la moción para que se vaya. Además, una vez que algo se convierte en consigna allí dentro toda otra consideración pasa al último sótano.

Sí, es contraintuitivo que Merino siga allí y que una aplastante mayoría votara para que se quede allí. Es indignante. Incomprensible. Desmoralizador. Antigripal, diría Nicolás Yerovi, para decir algo fuerte que no fuera una lisura. ¿O ese era su amigo Luis?

“¿Se queda presidiendo

semejante jumento?”

O algo así.

 

Y a este, ¿qué le pasó? ¿Lo fregaron tanto por huir del fuego que ahora va corriendo a abrazarlo? Solo tres congresistas del Partido Morado -los invitados- votaron por sacar a Merino. Los demás le hicieron caso a la saeta en llamas. Pero, sorprendentemente, lo que dice Guzmán en ese tuit podría tener sentido.

Los hechos que tenemos delante nos permiten imaginar (sí, imaginar, como John Lennon) dos escenarios:

1. Si se bajaban a Manuel Merino quien se quedaba como presidente del Congreso era el muñecón de César Acuña, Luis Valdéz.

Párrafo final del Art. 12 del Reglamento del Congreso de la República.

Según cómo se interprete este párrafo, Valdéz podría quedarse por lo menos 5 días en el cargo (al Congreso anterior le tomó solo 5 días casi vacar a PPK, recuerden). ¿Y después? Pues bien, no hay ninguna garantía de que en vez de Merino y Valdéz entre algún “probo” a la mesa directiva del Congreso, menos a presidirla. ¿Cómo podría? ¿De dónde lo van a sacar? Y sobre todo, si lo encuentran, ¿quién va a votar por él? ¿Alguno de los 93 que prefirió votar de modo que Manuelito Merino se quede?

En el escenario 2. Merino es un fusible quemado. Un fusible quemado rompe un circuito.

De pronto -nadie sabe muy bien cómo-, Merino se volvió útil para algo: interrumpir a quienes lo quisieron usar de ariete y como alfombra persa para llegar Palacio de Gobierno y después de chivo expiatorio para que se queme él solito y ellos no.

Situación actual del intento de vacancia y de su protagonista. (Imagen referencial).

Y ese es precisamente el punto: allí donde está ahora, en la presidencia de la mesa directiva del Congreso, Merino es un ser decorativo (no que es bonito, sino que está de adorno) y nimio y quizás hasta neutral por el tremendo rabo de paja que arrastra.

Allí, sentadote como un pisapapel gigante, obstaculiza el paso a esos que lo convencieron de que valía la pena soñar con la Presidencia porque, luego del periodicazo en el mostacho que se ha comido él solito, Merino está asustado. No lo han difamado, lo han echado y lo han dejado solano joyas y no va a ser fácil convencerlo de que lo vuelva a intentar. Además, como acabamos de ver, para fregarla bien fregada, por lo menos se necesitan tres y Merino… seguirá solito.

Solito.

Por eso, poner al enviado de César Acuña a presidir la mesa del Congreso aunque sea por cinco días y solo para que convoque a elecciones de una nueva mesa directiva o esperar que este Congreso escoja algo mejor que Merino es pecar de ingenuo. Y ya perdimos ese derecho con Toledo en el 2001, con Humala en el 2011, con PPK en el 2016 y con Vizcarra la semana pasada. El candor reincidente es cojudez crónica.

“Pero ahora le debe la vida a los mafiosos que no lo botaron y hará lo que ellos le ordenen”. Oe, ¿has jugado a los encantados? ¿Sabes qué es un pisa papel? Merino está aterrado ahogándose en la incertidumbre, paralizado de miedo y neutralizado. Es un bulto bloqueando el paso de sus ex aliados a la mesa directiva. ¿Es eso bueno? No, es pésimo y lo es más en estas épocas de muerte y miseria; pero es mejor que todas las alternativas que soy capaz de imaginar realistamente en el corto plazo, que es todo lo que tenemos.

Entonces, ¿por qué votaron para que se quede los que solo querían usarlo si ya se quemó y ya no les sirve? Porque incluso chamuscado y caído en la ultra desgracia, Merino todavía puede usar sus deditos para señalar a quienes lo negaron y destapar los nombres de los que le estaban armando el gabinete preliminar de ministros (porque eso estaba siendo “tercerizado”, ¿se acuerdan?, le estaban escogiendo los ministros). Además, si quitar el cuerpo una vez se ve feo y cobardón, quitar el cuerpo dos veces no deja ninguna duda. Por último, la pomposidad vacua y la necesidad de disimular la propia pequeñez no deben ser descartados: hay que hacer respetar los fueros del parlamento, oiga, aunque haya sido con volcadura y cinco vueltas de campana hay que salir del choque caminando.

 

C O N T E X T O

“Pero mis principios me dicen que…”. Si te quieres ir de la fiesta, dale, bájate. Pero esto no va a parar por ti, más ayudas si te quedas. ¿Igual te vas? Entonces, ¡PIE DERECHO! Por cierto, estamos en un avión. ¿Todavía te quedan ganas de bajarte? Ah, tienes paracaídas. Manya, ¿para ti no más, no tienes otrito?

La pregunta es, ¿te bajarías si tuvieras algo que perder? A la vista de los hechos, me permito dudarlo.

Así votaron para que Merino se quede.

Hace algunas semanas, Carlos León Moya escribió esto sobre el Partido Morado:

“Por un lado, los congresistas Alberto de Belaunde, Gino Costa y Daniel Olivares cumplen en la práctica un papel que matizan en público: el de minibancada oficialista. […] Su lógica es válida: el suyo sería un voto “de responsabilidad” (las comillas son de Carlos León) frente al populismo barato e irresponsable del resto del Congreso. […] La coherencia, en suma, trae réditos […] Pero hay un detalle: el rédito al que me refiero es individual. Es un rédito para De Belaunde, Costa y Olivares.”

 

 

Un comentario en “Merino se queda.

  1. La nueva derecha entró en trompo, aumentando el riesgo de aprovechamiento de oportunistas y populistas frente a la inacción de los desconcertados grupos honestos.

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