Privatízame la vacuna

Me temo que nuestros ojos son más grandes que nuestros estómagos y que tenemos más curiosidad que capacidad de comprender. Nos aferramos a todo y no atrapamos nada más que viento.”

― Michel de Montaigne, Ensayos Completos

La narrativa va más o menos así:

“Dame permiso para comprar vacunas y vacunarme yo y así ya no tienes que gastar recursos y vacuna en mí”.

Se lee bien. Razonable. Y cada vez que uno lo lee parece más y más razonable: hay problemas de logística y distribución de casi todo en el Estado; campea la ineptitud y hay una corrupción rampante ultra sofisticada (o no tanto) cuyas dimensiones y alcance nunca terminamos de descubrir. Además, el sector privado es más eficiente. Y más eficaz. (Y ya no decimos honrado porque ese atributo está suspendido).

Aunque se trate de una insultante generalización y de una grosera sobre simplificación, eso es lo que piensan muchos y lo plantean de ese modo para justificar y respaldar su idea. Deja que los privados traigan vacunas. ¿Cuál es el problema? “Mejor que unos pocos tengan a que no tenga ninguno”, que es lo mismo que decir que es mejor dejar que los que podemos pagar nos vacunemos y los otros ya veremos.

¡Déjenlos ayudar, carajo! ¡No sean como el perro del hortelano! (¿Dónde habré leído eso antes?).

EL PLANTEAMIENTO ESTÁ MAL HECHO

Nadie debería estar en desacuerdo con la colaboración. Pero la presión que vemos (desde Keiko y algunas bancadas del Congreso, hasta gremios de empresarios) es para traer vacunas “en paralelo”. Es decir, NO piden que se les permita traer más vacunas y más rápido usando su logística superior a la del Estado para ayudar a que haya una provisión suficiente y así cubrir el flujo del proceso y las fases de vacunación según la programación del mismo Estado, no. Traen para ellos. Ya, bueno, si me miras como el gatito de Shrek, de cada 4 que traigo, te regalo una.

Aunque desde una perspectiva de mercado puede leerse razonable que quien puede pagar más se atienda primero, aquí hablamos de un bien (la vacuna) que además de escaso es, bajo un conjunto de condiciones, vital: si no la tienes te puedes morir.

Si alguien tiene más plata que tú y lo atienden primero en la cola del banco no pasa nada: solo pierdes un rato y te atienden después. Por eso, para la vacuna, hay un cronograma de acuerdo de criterios de exposición y riesgo (primera línea) y vulnerabilidad: porque si te atienden después, puede que se hayan acabado las vacunas. Y te mueres.

POR EJEMPLO…

Imagina que el lugar al que irás a vacunarte se parece a un banco y te atienden en una ventanilla. Allí, como en el banco, hay hasta tres colas: los Ultra VIP que pagarán US$500 por vacuna, los Banca VIP que pagarán US$200 y los que son como tú, que no pagarán “nada” (las comillas son porque tus impuestos las pagaron).

En ese lugar solo hay 50 vacunas y en la cola hay 300 personas. Igual que en el banco, el principal criterio de atención es quién puede y cuánto puede pagar. Quizás desde un punto de vista de mercado daría igual: si estás dispuesto a pagar (más) es que lo necesitas más. ¿Cierto? Entonces, los de la cola Ultra Vip pasan de tres en tres, en la VIP pasan de dos en dos y en tu cola pasan de uno en uno. Cuando te toca a ti ya hay cinco vacunas menos. Antes de que le toque al que está detrás de ti, en la cola de las vacunas gratis, habrá 11 vacunas menos. Cuando le toca al que está en el puesto 9 en tu cola, ya no hay vacunas y en tu cola está la mayoría de personas de primera línea y vulnerables, porque la vulnerabilidad suele coincidir con la falta de recursos. ¿Quién se queda primero sin vacunas? En tu cola solo se alcanzaron a vacunar ocho.

Si la prioridad en la vacunación deben ser los más vulnerables y no los que más plata tienen, solo puede haber una cola y los turnos se deberían definir por riesgo y vulnerabilidad.

Hoy, que la provisión de vacunas es escasa y la emergencia está en la cúspide, si tú no eres vulnerable y te pones la vacuna, se la estás quitando a alguien que sí lo es. Te estás saltando la cola, con tu plata, pero te la estás saltando.

En el extremo del ridículo, todos los protagonistas de Esto Es Guerra podrían comprarse sus vacunas antes que la primera línea de médicos en Iquitos que atienden a diario a un creciente número de pacientes con la peste. Y esos médicos tendrían que esperar, no a que el Estado traiga más vacunas, sino a que se fabriquen más y estén disponibles. La narrativa del Estado ineficiente -real en muchos otros campos- aquí no aplica.

VIP

SE QUEDA SIN VACUNA (BIS)

Y es que no hay suficiente stock de vacunas en el mundo. Si le permiten a la empresa Z del país Y comprar vacunas, terminará compitiendo con el país Y para conseguir las vacunas. Y adivinen qué cosa va a pasar con el precio. Y adivinen qué va a pasar con las provisiones de vacunas. Y adivinen a quién le van a echar la culpa de que no haya vacunas porque las compró el equipo de Esto Es Guerra.

Se requieren más vacunas de las que hay fabricadas y de las que se puede fabricar en el mediano plazo. Y los laboratorios -privados- que desarrollaron las vacunas sobre todo con financiamiento público, no quieren compartir la patente lo que evita que se pueda fabricar vacunas en todas partes mucho más rápido y más barato. Qué extraño.

Además de los tremendos cuellos de botella en la fabricación, también los hay en la importación: las vacunas solo se pueden transportar en vehículos acondicionados.

Si permites que alguien que puede pagar US$4 mil por una vacuna se vacune primero solo porque tiene el dinero aunque no sea primera línea ni población vulnerable, alguien de primera línea y que sí es población vulnerable y que no tiene los recursos para comprar la vacuna se está dejando de vacunar. Y porque no tiene US$4 mil para una vacuna quizás se vaya a morir esperando un tanque de oxígeno en una playa de estacionamiento en algún hospital colapsado.

El Ministro de Salud, Óscar Ugarte, dijo que vaya y pase “pero sin romper el protocolo de prioridades”. O sea, “cólese pero sin colarse, joven”. Literalmente, estás comprando un sitio en la cola y dejando sin vacuna a uno que está más atrás. Es lo mismo que con absoluta razón le criticas a Mazzetti y a Vizcarra, vacunarse primero y saltarse la cola aunque no hubiera cola; pudo salvarle la vida a algún primera línea de los que ellos veían enfermarse y morir todos los días.

El puesto es un privilegio, tener hoy el dinero para comprar una vacuna, también lo es.

Porque -una vez más- el problema es de oferta: no hay suficiente provisión para todos al mismo tiempo y, al paso que vamos en el mundo, vacunar a 2/3 de la población mundial tomará casi 4 años.

¿Si el Estado no te da permiso para que te saltes la cola es un comunista rancio? Me parece que no. Pero puedo estar equivocado.

POR CIERTO:

1.

2.

Como bien señala mi amigo Rodolfo Robles: “un trabajador formal vacunado tiene ventaja sobre uno informal buscando trabajo.
Permitir la comercialización privada genera (además) más inequidad”.

.

.

COLOFON

“Pero los privados también pueden ayudar a vacunar”. Sería mostrazo, pero nadie ha ofrecido ni planteado eso. Además, el Estado hace muy pocas cosas muy bien, pero justo una de esas cosas es vacunar. Ya es un ejemplo manido, pero igual va de nuevo: en el 2006 vacunó a 20 millones de personas en 45 días contra la rubeola. “Pero eso pasó hace mucho”, sí, pero todos los años en el Perú nacen 600 mil niños y el MINSA los vacuna a todos y a los 3 millones que están aún en edad de refuerzos. Eso es lo que se llama un gold standard: una mejor práctica a nivel mundial. En este momento hay 1000 vacunadores trabajando y avanzan a un ritmo de 12 mil al día. Cuando lleguen las vacunas para la etapa de vacunación masiva se activarán otras 34 mil vacunadoras que vacunarán a un promedio de 420 mil personas al día. En 54 días habrán vacunado a 26 millones de personas. Pero tú quieres tu vacuna ahorita.

¿A cuántas personas vacunan los privados al año?

Si los privados se abocaran a la tarea de acompañar el esfuerzo de vacunación masiva del Estado aportando logística, por ejemplo, y respetando el cronograma, sería buenísimo. Improbable, pero buenísimo.

Cuando se acabe la emergencia y se haya vacunado a todos los primera línea y vulnerables, que abran la importación y comercialización libre de la vacuna. Que lleguen muchas marcas y que haya competencia. Que las compren, quienes las quieren y pueden, por miles, que las coleccionen si quieren. Será una necesidad muy (muy) larga, así que habrá tiempo y oportunidad para hacer plata con la urgencia de la gente . ¿Por qué tiene que ser ahorita?

¿O será que para cuando la emergencia no sea de vida o muerte el precio de venta ya no será tan atractivo? ¿Quién sabe…?

PD. Hoy, NINGÚN laboratorio del mundo vende vacunas a empresas privadas. De hecho, hay privados proponiendo que el Estado les “juegue” algunas de las que ya compró. “De tu lote de 12 millones, véndeme 100 mil pe”. No sé cómo calificar eso, o sé, pero me lo guardo. Los laboratorios exigen garantías ENORMES a los estados. “Aguanta, si el que compra es el Perú y al cash, ¿cómo es eso de que tiene que dejar garantía?” Ah pues, las vacunas no son productos 100% probados (a riesgo de darle en la yema del gusto a los conspiranoicos), no tienen fase 3 “completa” y podría, en el margen, con una probabilidad minúscula, presentar efectos secundarios. Y si se presentan, los laboratorios se quieren cubrir de los costos probables de defenderse o de pagar indemnizaciones (leer el tuit de Mitra Taj).

¿Cuántas empresas peruanas pueden negociar mejor que un Estado frente a los laboratorios en esas condiciones absolutamente leoninas, tan leoninas que no se hacen públicas por mandato en el propio contrato? Muy difícil. De ahí quizás ese “Estado, ya pe, chorréame pe, no seas comunista”. Y ponen a todos sus amigos a postear en las redes para presionar al Estado para que les convide un pedazo de esa torta inmensa que todos los que puedan van a comprar (algunos a cualquier precio) porque estamos en medio de una emergencia y todo el mundo está muerto de miedo. Tremenda oportunidad de negocio. Qué pena perdérsela. “Chorréame, pe”. Quizás. Digo.

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